Noventa años después
Estamos a pocos días de que se cumplan noventa años del nefasto 17 de julio de 1936. Aquel día comenzó el golpe de Estado militar contra la Segunda República, una sublevación impulsada por una parte del Ejército con el apoyo de los sectores más conservadores de la oligarquía, que nunca aceptaron el régimen democrático surgido de las urnas y que pretendían mantener intactos sus privilegios.
El golpe empezó, paradójicamente, asesinando a militares que permanecieron fieles a la legalidad republicana. Entre ellos destacó el capitán de aviación e ingeniero Virgilio Leret Ruiz, inventor del primer motor a reacción español y jefe de la base de hidroaviones de Melilla. Defendió la instalación frente a los sublevados hasta ser capturado junto a los oficiales Armando González Corral y Luis Calvo Calavia. Los tres fueron fusilados el 18 de julio de 1936.
A ellos se sumaron otros mandos militares asesinados en Melilla, como Manuel Romerales Quintero, comandante general de la plaza; Joaquín Fernández Gálvez y Luis Casado Escudero. En Ceuta la represión siguió el mismo camino. Allí fue fusilado Ricardo de la Puente Bahamonde, jefe del aeródromo de Sania Ramel, en Tetuán, y primo de Franco, después de ordenar inutilizar los aviones antes de rendirse para impedir que fueran utilizados por los rebeldes. Fue ejecutado en el Monte Hacho junto a Arturo Álvarez-Buylla Godino, además de otros setenta militares leales a la República.
Aquellos fusilamientos marcaron el inicio de una represión planificada. Los golpistas pretendían eliminar cualquier resistencia dentro del propio Ejército para imponer por la fuerza su autoridad sobre la población. Sin embargo, el golpe fracasó en buena parte del país y dio paso a una guerra que solo pudo inclinarse del lado franquista gracias al decisivo apoyo de la Alemania nazi y la Italia fascista, así como a la política de no intervención de las democracias occidentales.
La represión se extendió rápidamente por toda España. Miles de alcaldes, concejales, diputados, sindicalistas, maestros, masones, andalucistas, socialistas, comunistas y militantes de organizaciones obreras fueron asesinados.
Entre ellos estaba Blas Infante, referente del andalucismo moderno, que había advertido del peligro que suponía la división de las fuerzas democráticas. Su reflexión conserva hoy una enorme fuerza:
«Puede venir una gran catástrofe. Puede hundirse este régimen. Puede sobrevenir una reacción terrible. Pero las ideas que responden a la justicia no perecen jamás.»
Blas Infante fue detenido en su domicilio de Coria del Río el 2 de agosto de 1936 por un grupo de falangistas y trasladado a Sevilla. Fue asesinado en la madrugada del 11 de agosto junto al maestro y diputado socialista Manuel Barrios Jiménez y al médico y exalcalde de Sevilla José González Fernández.
Durante aquellos meses parecía que el fascismo avanzaba de forma imparable bajo las botas militares y los saludos brazo en alto. La reacción autoritaria consiguió destruir la República, pero no logró acabar con los ideales de libertad, justicia e igualdad que representaban quienes fueron perseguidos.
En Ronda, ese legado continúa vivo gracias al trabajo del Centro Andaluz, presidido por Ana María Rosillo Moreno, una asociación cultural inspirada en el pensamiento de Blas Infante y dedicada a la difusión de la historia, el patrimonio y la identidad andaluza.
Su labor fue decisiva en la conmemoración del centenario de la histórica Asamblea de Ronda de 1918, con un acto celebrado en el patio del Círculo de Artistas y la participación del Ayuntamiento en el nombramiento de Blas Infante como Hijo Adoptivo de Ronda.
Con motivo de aquella efeméride, el Centro Andaluz editó una revista monográfica en la que participaron destacados investigadores, escritores e intelectuales andaluces, entre ellos Ana María Rosillo, Sebastián García Garrido, Tomás Gutier, María Jesús Naranjo Infante, Antonio Garrido Domínguez, Manuel Pimentel Siles, Antonio Manuel Rodríguez Ramos, Rafael Aguilera Hormigo, Juan Harillo Ordóñez, José Garrido Acevedo, Benito Trujillano Mena, Francisco Javier García González, Francisco Pimentel Sánchez, Isabel María Barriga Racero y Antonio R. Acedo del Olmo.
Ana María Rosillo ha recuperado también uno de los testimonios más conmovedores de la familia Infante. La hija del dirigente andalucista, María Luisa Infante, recordaba así a su madre, Angustias García Parias:
«Mi madre fue vendiendo todo lo que era suyo, pero jamás consintió deshacerse de la casa de Coria del Río que con tanto cariño había construido. La consideraba su tumba. No cortaba las flores del jardín hasta que no estaban secas, porque como no tenía una tumba donde llevarle flores, aquellas eran las suyas.»
Noventa años después, el recuerdo de quienes defendieron la democracia y la libertad continúa siendo una responsabilidad colectiva. La memoria no pretende reabrir heridas, sino impedir que el olvido las cierre en falso.
Francisco «Paco» Pimentel
Memoria Histórica de Ronda y la Serranía
