De hace poquito conservo un titular de mi tembleque, en la que una encuesta de esas que se hacen al inicio de curso, para que a la vuelta de vacaciones y a las jubilaciones, tengamos un pulso político, de como pueden ir las previsiones electorales por si las moscas, se me atravesó la hermosa espina de mis rosas de devoción hasta atragantarme el suspiro, más al situar a VOX como el señorito de la manada que crece para nuestras vergüenzas.

Todavía hace más poquito, con la misma titulación a seis columnas, la encuesta de nuestros pagos a escote, me ofrece un placebo, en la que los de mi cuerda, ahogamos a los feijoles al infierno y los abascales no le salvan la comba.

La primera lanza a editores y charlatanes comunitarios, a derretirme las esperanzas vaciándome el espíritu, eso sí, todos comienzan el discurso tentándose la ropa, porque la única encuesta real se produce al contar las urnas, dicen, para lanzarse después a degüello al don Pedro descabalgable; la del CIS que desde Tezanos es de mi cuerda, parece hecha en las antípodas, porque digo y Diego, se llevan como un incrédulo frente a los Legionarios de Cristo. La oficial tienen el don de estar desacreditada en las tertulias, por errores del menudeo en la cocina, aunque la cesta de su compra y la severidad histórica del máster chef, pudiera tenerse como mejores que el Oráculo de Delfos. A mí el inicio de curso, va de analítica, ecografía, la tensión al día, con su electro de compañía, para que abra todas las urnas el cardiólogo de cabecera.

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